jueves, 29 de agosto de 2013

I have a dream



Llegó como un precioso amanecer para terminar una larga noche de cautiverio
Martin Luther King

Yo también tuve un sueño -todos soñamos y a veces, incluso recordamos- y, sintiéndome negro, como me he sentido siempre (aquí quiero tener un recuerdo para mi amigo J.A., defensor del movimiento por el autoreconocimiento de la negritud íbera y el distanciamiento definitivo respecto de los arios), me dispongo a contarlo ahora, un día después de la efeméride: del 50 aniversario del discurso I have a dream de Martín Luther King que, entre otras cosas, impulsó el movimiento de derechos civiles a favor de la comunidad negra en EEUU además de convertirse en símbolo de la lucha por las libertades en todo el mundo.

No quiero hacer trampas: es un sueño que he tenido, de forma recurrente desde mi más temprana edad, pero siempre con los ojos abiertos. Viene acompañado de esa otra escena en que lxs actores, próximos y distantes, se desprenden de la careta y confiesan que sí, que todo era una pantomima (no un reallity show retransmitido a través de múltiples cámaras de videovigilancia -lo cual también sería posible, al menos, técnicamente, y, desde luego, en nombre, una vez más, de la seguridad-). Pero a continuación, y aquí está el meollo: la gente se sienta y permanece en silencio durante días y noches. No se trata de una concentración en un lugar determinado, sino en todos los lugares. De todo el mundo. No hablo del 15 M, de cadenas humanas o de cualquier otro simulacro que evade la lucha realmente efectiva por sucedáneos tranquilizadores. Hablo de una apuesta definitiva, que parte del convencimiento de que formamos parte de un sistema insostenible y criminal, que ha ido incrementando el grado de perversión hasta hacerse intolerable. Se trata de una no-acción radical y definitiva: sin vuelta atrás. Nadie colaborará más con la injusticia, con la inmoralidad, con el crimen... con el capitalismo.

No sé lo que pasará (ahí hay un hiato injustificable), pero ¿quién puede conocer el futuro? Especialmente cuando se toma una bifurcación inesperada. En fin, a los artistas nos encanta el caos, la indeterminación, porque son precisamente el material de la creatividad. Pero, ¿cómo convencer a los padres de familia, a todos aquellos que, o bien lo han perdido todo, pero confían en un pronto restablecimiento, aunque sea a costa de... lo que sea, a los que aún tienen qué perder, y por ello, prefieren seguir expectantes (que me quede como estoy), y mucho menos, a los que todavía son clase media, aunque de repente, mañana descubran, cuando acudan perplejos al inem, que son trabajadores?

Pero tras ese hiato, hay una mañana luminosa, como aquellas de mi infancia, cuando, después de irse mi padre al trabajo, me cambiaba a la cama de mis padres, y me bañaba en el frescor de sus sábanas: su cuarto debía estar mejor ventilado, o qué sé yo. Y el sol resplandecía, a través de la ventana, y había una chica, la más guapa de la clase, que decía que yo era su novio. Y había una mañana -irrecuperable- como esa, en que, de repente, descubríamos que los propietarios se habían marchado (¿a dónde? ¿habían muerto, o sólo desaparecido?), y despertábamos, como de un sueño, y nos mirábamos, mirábamos al mundo con nuevos ojos. Nos abrazábamos, sonreíamos, las lágrimas caían copiosas de nuestros ojos y nos sentíamos una con el mundo...

Joder, es un puto sueño. ¿Qué queréis?

Post data: El Arte de la Guerra de Sun Tzu
Sitiar el reino de Wei para salvar el reino de Zhao.
 Atacar directamente a un enemigo poderoso y unido es una invitación al desastre. Hay que emplear una confrontación indirecta: concentrar fuerzas para golpear en el punto más débil del enemigo, aprovechar sus fallos...

José Icaria




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